Epilepsia y el silencio que la rodea

La epilepsia es un desorden neuronal en el que la persona posee mayor número de transmisores neuronales o menor número de inhibidores. Esto puede desencadenar una sobre estimulación del sistema nervioso por una elevada actividad eléctrica en las células cerebrales. Se puede desarrollar por varias causas, un traumatismo en la cabeza, una infección no tratada a tiempo y causas genéticas, pero en más del 50% de los casos se desconoce el origen.

Se han identificado distintos tipos de epilepsia:

  • Generalizada, es aquella que todos podemos reconocer con convulsiones agresivas.
  • Parcial tipo ausencia, inmoviliza al individuo y los “desconecta” por un tiempo. En estos casos, al elevarse la actividad neuronal el cerebro simplemente bloquea todas las señales, como si se tratara de una computadora que se reinicia.
  • Parcial compleja, la persona experimenta comportamientos erráticos, pero es consciente mientras este tipo de convulsiones menores ocurren.

Existe un desconocimiento terrible alrededor de este desorden. Antiguamente se atribuían las convulsiones a posesiones demoníacas, hecho que ha estigmatizado la epilepsia hasta nuestros días, llevándola a convertirse en un tema tabú. Con el avance de la ciencia y medicina, cada vez podemos identificar de mejor manera el origen de este tipo de desórdenes y tratarlos con métodos más eficientes que con otras prácticas primitivas como los exorcismos.

En Estados Unidos, la ADA (Ley de Ciudadanos Americanos con Discapacidades, por sus siglas en inglés), reconoce a la epilepsia como una discapacidad bajo el siguiente argumento:

La epilepsia puede ser una discapacidad debido a las limitaciones que surgen como resultado de los ataques o debido a los efectos secundarios o complicaciones que pueden ser el resultado de los medicamentos utilizados para “controlar” la enfermedad.

Una cuestión que se debe tomar en cuenta es que una crisis epiléptica (periodo de convulsiones) puede ser desencadenado por factores psíquicos, como el estrés, el miedo o el enojo. Pero en la mayoría de los casos se pueden evitar las crisis, si la persona es rigurosa con su medicamento, duerme bien y asiste a terapia para analizar su estado emocional.

Otro factor que puede afectar la condición es considerar la epilepsia como un mal que le impide llevar una vida “normal”. Esto, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en conjunto con la Liga Internacional Contra la Epilepsia, se debe a que 71% de la población de latinoamérica reporta una percepción estigmatizada hacia quienes padecen la enfermedad, mientras que menos de un 29% sostiene que la percibe con comprensión o empatía.

¿Cómo reaccionar cuando una persona tiene una crisis epiléptica?
Muchos creen que cuando una persona presenta convulsiones es importante meterle un dedo en la boca para que no se trague la lengua, sin embargo esto puede traer problemas mayores, ya que la persona que experimenta las convulsiones no tiene control sobre su cuerpo y es posible que muerda el dedo con tanta fuerza que termine arrancándolo. Lo que sí se debe hacer cuando una persona experimenta convulsiones agresivas, es vigilar que su cabeza con golpee contra el suelo o algún mueble. Esto último es muy común, ya que las convulsiones se pueden presentar cuando la persona está parada, lo que la hará caer sin capacidad para reducir el impacto con los brazos.

Es momento de que la sociedad se informe sobre este tipo de condiciones, ya que el desconocimiento lleva a la discriminación y al rechazo. Si conoces a alguien con una condición que no conoces o entiendes, pregúntale o infórmate antes de crear un juicio moral sobre esa persona.

Autor: Inklusion

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